viernes, 31 de enero de 2014

Novela: Los culpables. pequeño párrafo del inicio.


El nuevo psiquiatra que visito, me advirtió que me faltaba amor. ¡Y qué, acaso a él no le falta! Hablaba de querer el bien del otro, alguien que me cuide…frunciendo mi nariz pensaba que a eso le llamo cariño… intuyo que por su mueca resignada  sufrirá del  mismo agujero gris, agregado de  las cargas de otro ser que lo empujara a una intimidad claustrofóbica, pero al hablarme parece conformarse….  De todas formas lo seguiré viendo… no es tan malo como persona. Observó desde mi ventana, y de todo lo que veo en las almas escuetas de  los que apurados circulan hacia sus refugios, sus hogares promedios, solo dos me llaman la atención, se trata de una pareja de jóvenes que se van llevando como un engranaje, entonces  inoculo una ligera tristeza por reconocer aquella posibilidad,  una verdad que recorre tangencialmente la  envidia… ella, pequeña y dócilmente femenina, es de las que pueden ser subjetivamente hermosas: la manera de caminar, cierta sumisión actuada, repentinamente un berrinche y de nuevo el acuerdo con un muchacho que la lleva como puede… creo que tiene la suerte que ella está enamorada… sino, de acuerdo a su inexperiencia, la pasaría bastante mal. Estoy hablando del amor… operar me causa una gran adrenalina y aun cuando no salvo una vida me siento intenso e importante, debe ser porque perder contra dios, luchar en  el cuerpo de otro, empujar un destino, son instancias tan grandes que estar frente a ellas ya me elevan mi ego o mi moral, pero al salir de la clínica, a la arboleda, a la proliferación del oxígeno, y por enterarme una vez más de las otras opciones, configuro agriamente eso que denomino vacío. Esa sensación de una  nada deslizándose por mi vida, de acuerdo a su contrastante con eso  inalcanzable, me hace aun más arrogante, aseverando que  merezco de los placeres sensuales mucho más que otros, la intensidad de la figura que es el amor… lo demás, el  cariño y sus abreviadas proezas, sus inmensos sacrificios…la inalterabilidad de toda esa farsa… ¡no…! no es una farsa, es una realidad opaca, posible… No puedo ser comprensivo… detesto a los que se prestan a ese juego de imitaciones… Ah, prefiero de una buena vez,  confesar que no creo que sea un buen hombre, tampoco creo que los demás lo crean, a no ser que necesiten  confiarse a mí…. Ser exigente no te hace malicioso, ni cruel, pero puede desprender la nobleza que es lo único que identifica realmente a un ser humano como buena persona, y no solo su habilidad para no cometer de errores. El hermoso contorno de un alma, de crearse, no se logra sobre la contabilización de fallas, de pocos errores, donde aliviados se encuentra  el escondite prudente y calmo de una moral a la que se persignan, asustados, luego acostumbrados, sin emociones que le den al acto, generoso, benigno: su esencia… y su beneficio.