lunes, 13 de mayo de 2013

fragmento de la novela la mujer del prójimo


Un señor vestido de payaso estaba poseído por un ataque de nervios frente a la caja, en el sector de pagos de facturas. Era un tema con una boleta, o un cobro, algún mal entendido. El hombre que probablemente estuviese trabajando de payaso animando un cumpleaños, o perteneciente a un espectáculo infantil, gritaba moviendo sus brazos y con voz altisonante que todos se dispusieron para observar lo que sucedía, un hombre se le acerco por atrás para tranquilizarlo y esa nariz redonda y roja lo apunto, y sus ojos pintados hacían que su furia tenga un tinte tragicómico. El hombre seguía siendo más un payaso que un hombre enojado. Algunos no acostumbrados a ver payasos tan enojados, disimulaban sus risitas, tapándose con la mano la boca o retorciendo el rostro, pero de todos modos un susurro jovial se esparcía por el silencio que se apropio del banco.
Cuando Ricardo salía del banco vio como dos hombres de seguridad lo sujetaban de sus brazos y lo persuadían con firmeza para que se retire del establecimiento. Un niño alegre
le comunico a su madre con entusiasmo la escena del payaso y los policías.
Unas nubes espesas y oscuras se estacionaron sobre la ciudad en una techo bajo y cada vez mas condensado, en una única y poderosa nube que aplastaba a toda la ciudad. Dos días antes el cargado cielo se apoyaba sobre el rio, y un viento del este las trajo desde el rio y cuando amenguaron su impulso se detuvieron, y también mermo el viento cálido que las traía, por lo que se quedaron quietas en ese gris cada vez más oscuro que lanzaba sus primeras gotas sobre los previsores paraguas que recibían ese rumor leve que incomodaba y apuraba los pasos de las personas. Esa lluvia sería torrencial cuando una o dos horas después Ricardo saliera desconsolado de la ofician a caminar, sin prestar atención al aguacero que vacio las calles.
Cuando subió al ascensor busco los espejos, como cualquier persona, quería ver su rostro. Develaba un gesto emocionado pero su cara había perdido frescura y al sonreír su expresión era más triste y más agria. No debía verse mas en el espejo, se dijo, pero nuevamente intento levantar las cejas pero nada cambiaba.
Cuando entro a la ofician le comunicaron que Martín se comunico diciendo que faltaría por unos días por “motivos domésticos”. Todos se preguntaban atenuando la vos que podría haberle ocurrido y concluían que “domésticos” debía adjudicarse a algún  problema con su esposa. Tambien escucho que entre ellos comentaban que Martín había agregado en su lacónico llamado que “había unos problemas por un tema de unas apuestas” y sobre eso no decían nada porque nadie sabía de eso salvo Ricardo. Una oleada de angustia le recorrió el cuerpo cuando entendió lo que significaba todo esto. Si Martín se encontraba frente a un problema serió con Soledad, y corría riesgo su matrimonio, también  quedaría interrumpida su comunicación con ella. Claro que nunca había pensado en que cuando a Soledad se le desmorone todo él no podía presentarse como el caballero salvador y distraído de todo. Se vería a sí mismo como un oportunista detestable esperando en la grieta de los otros y en la confusión la gran oportunidad para sacar su propio provecho. ¿Cómo entendería Soledad que Ricardo podría pensar en la felicidad de ambos, cuando ella era la que había fracasado? Además lo las apuestas… que podría ser, hizo muchas especulaciones y no conseguía nada en claro, era un problemas económico pero ¿Cuál…? Era muy difícil saberlo pero la perjudicada era Soledad el no era de los que se ofenden y se van, si se iría no se iría enojado, además alguien debiera darle la idea de irse, porque no es de los que deciden irse pero si de los que pueden salir con cualquier cosa que el viva como natural…aunque tanto no conocía a ese hombre de pasiones raras y de un estupor que señalaba alguna defectuosidad del creciemiento..