lunes, 5 de agosto de 2013

Los desvíos sexuales segun la óptica de un escritor. El escritor y la mujer francesa.


Vi aquella película de la pareja de amigos que se intercambiaban sexualmente: qué manera tan agria de crear humor. La tragedia se asoma con toda su brutalidad cuando los cuatro amigos –tienen unos cuarenta años-  se esconden desnudos –tras una noche de autodestrucción sexual-  tras una pared interna de la casa  a punto de ser sorprendidos por el hijo de doce años que solo descubre  el rostro de su padre asomado tontamente, dejando su cuerpo desnudo protegido por esa pared. La pared de los milagros. Ellos se pasan de esa pared a otra sin que el niño, atrás de un ventanal, los descubra desde afuera,  pide la llave para entrar, compartiendo la ignorancia con sus amigos, pero  desconoce la catástrofe que lo separa a unos metros gracias a una pared, a una casualidad.  La pared de la gracia y la locura.  En el cine se festejaba  la escena con risotadas porque saben, intuitivamente, que el niño no terminara viendo a sus padres en una decadencia tal. Puede un hijo quedarse sin padres por tal imprudencia.  La fascinación creciente de los disconformes por destruirse a cambio de pequeñas magias inútiles.