lunes, 11 de noviembre de 2013

Los culpables. Nueva novela. (pequeño fragmento)


La madre de Ingrid volvió a contravenir las leyes de la maternidad, cuando con su voz envolvente, sugestiva, intentando una complicidad oscura, pronunció mi nombre y mi apellido del otro lado del teléfono. Seguramente, y me odiosamente me reconforta decirlo, su anhelo de atraer a cientos de hombres y mujeres, no se vieron concretados de acuerdo a los vanos intentos que había realizado con su carácter ineficaz. Quería brillar, relucir… reinar sobre las personas y para su letal contrapunto no consiguió ni siquiera desembarazarse de esa caricatura que se dibuja por debajo de su piel tersa. Intentaba con su tono crear una confiabilidad, actuando a que Ingrid estuviera cerca de ella y no debiera escucharla. Mintió descaradamente, cuando delató que Ingrid ingería pastillas para no comer y que desde niña siempre le preguntaba qué sentido tiene vivir si todo era tan triste. Podría frenarse pero anestesiada a la vergüenza, anacrónicamente seductora, se derrumbaba  en el charco de su fragilidad. Detenerse en algún silencio es para alguien así  pisar el  futuro oscuro. A pesar, de saber que lo que dice no llega, entonces redobla la apuesta y ahora preocupada dice que teme por Ingrid, que hay asuntos que yo no conozco, pero ni pregunto, luego se martiriza y habla de su propia infancia, y sus victimarios, pero ahora es solo una táctica y no siento pena, me doy cuenta que estoy vengando a Ingrid, o puede que también sea mi desdeñoso modo  frente a las miserias del espíritu.