domingo, 10 de noviembre de 2013

Parrafo "Los culpables" Nuevamente el problema de las edades, pero no le di las caracteristicas patologicas de Lolita.


Aquél sábado en el cine, la media tarde ya se vivía con los augurios  del amor declarado y recíproco. Entre todas mis dudas le hablé escuetamente de mis sentimientos, con un tonalidad que se desprendió tímido y dulce. Ingrid  dejó el histrionismo de su naturaleza juvenil, y bajó la cabeza llevada por la importancia del momento y apenas pudo sonreírme, entonces tapó su rostro con mi hombro cuando se levantó para abrazarme, mientras mis ojos reposaban en un anciano hermoso. Allí empezó. Creo que percibí ciertos problemas en todo aquello, en el medio del cine todavía con la luces encendidas, porque decidí instantáneamente  no esperar al final de la película para declarar mis sentimientos… como todo hombre enamorado siempre abandona su plan… los pasos…  Pero decía que por primera vez en muchísimo tiempo o puede que sea la única, sentía que mi vida se abría a lo ancho y el final resultaba en un infinito de paz y conformidad. Era ese abrazo mi destino, porque sonrió de nuevo y entendí que no la agobiaba la natural rareza de todo aquello. Al final de aquella tarde, donde luego caminamos de la mano por una calle que encendía sus luces y todo ese brillo hacía que la alegría también estuviese afuera, en el medio de una conversación interrumpida de risas y miradas en las que nos relajábamos, fue que me enteré su edad. Dieciocho años. Era la menor edad  que esperaba, me había convencido que podría tener al menos veinte…
En un momento reconocí una calle solitaria y nos lleve hacia ella para aplacar mi vergüenza. Era igual mágica… sentí al amor venciendo felizmente todos los impedimentos…

Ahora en mi casa la esperó, para seguir con las clases… eso decidimos… Sí, me siento ansioso, incómodo dentro del tiempo, él es lento y de repente se acelera, también quiero quedarme en el presente, a él lo conozco. Cuando pasan  veinte horas sin señales de ella temo que se arrepienta y no pueda con nuestra aventura amorosa. A un hombre que ya ha vivido, lo bueno y lo malo,  le sucede a menudo que siente que se encuentra en la etapa frágil de la alegría.