viernes, 21 de junio de 2013

Capitulo de la novela trágica " La peor vida" editada por Dunken" puede llamar al telefono 4784-4648. espero que sientan algo...


Miguel intentó dos veces pertenecer a la universidad, en lo que al principio representaba simbólicamente el progreso, para ser en definitiva algo más singular, un anhelo de su alma: ser como los otros, normal. En la primera, prefirió una carrera algo suave, sin demasiado cuerpo, y sencilla con la finalidad de  conseguir resultados y no sumergir su mente en la angustia y en lo infinito por lo que eligió periodismo
. Al final  esa búsqueda insípida de simplificación, para una mente como la  que reconocía turbada; esas facilidades resultaron también en problema y se  volvieron  en contra de su propia búsqueda de identidad, porque la carrera se convirtió  en casi nada, seguramente por la falta de un núcleo definido de  conocimiento valioso, verdadero, se sentía disuelto en esa hibridez que siempre causa el saber en general, cuando se merodea en él sin buscar el conocimiento concentrado, científico, y esto le pasaba porque su mente no podía deambular  tangencialmente por las cosas al punto de que estas se disuelvan y lo dejen con su mente, en ese como si, que lo dejaba con un déficit  de verdades y de anclajes, porque siempre los estaba necesitando y no es cosa fácil buscar lo que fue siempre esquivo. Pronto, sentía cada vez que cruzaba la línea de esa entrada de la universidad, que no había cambio en el, que nada se llenaba dentro suyo,  y  por eso  desistió después de algo mas de un año. Esa disparidad  de contenidos heterogéneos, para completar un plan de estudios,  coloreados con profesores que enseñaban el artesanal oficio del periodismo, siendo cada uno de ellos distinto del otro, proferían formulas quiméricas, por lo que terminaban siendo  para Augusto apenas más que incultos, y sin despreciarlos porque no se sentía quien para despreciar a nadie, eran superfluos hombres de oficio. Le hicieron sentir que en vez de algo organizado, acumulativo, era una disparatada y ridícula  corrida salvaje hacia  un punto lejano e invisible, donde solo conseguían distinguirse los más conectados o los mas pillos. Ingeniosos, con personalidades a veces carismáticas, a veces agresivas, y siempre llanas, los profesores inculcaban  la gran función social del periodismo. Ni mencionaban  que la actividad era básicamente  para entretener, o a lo sumo informar, y se sumergían en el espeso mundo de lo deontológico, de las obligaciones morales, a pesar de esas  caras con sus expresiones, a veces inocentes, a veces llegaban a ser aviesas, hombre práctico esos que saben donde duele el asunto, encontrar el lado oscuro de la luna o de la tierra o de las personas,  pero que fruncían el ceño, exagerando su humanidad hasta la caricatura cuando  peroraban, a veces horas sobre el sentido de su profesión, y también  existían los exitosos, aquellos  que realizaron carrera, y contaban como  se enfrentaban  a una cámara exigiendo  un mundo más justo, azorados frente a lo que un rato antes les resultaba el plato fuerte de la transmisión: Sangre y coyunturas del día, y cuanto lejos hay que estar de la agresividad convertida en tragedia para no desplomarse, aunque por su profesionalidad sabían ser sabios para mirar a las cámaras o a sus alumnos, con el ceño fruncido, cargados de una moral prestada, casi sin sentir. Pero en las clases les encantaba ser ellos los que le sacaban al mundo el velo, porque pertenecía a la  ética de ser objetivos (Como les gustaba usar esta palabra). Cuanto los reconfortaba esa contradicción; si se tiene una visión del mundo a lo sumo se puede ser criterioso, culto, en mejor de los casos, humano pero ¿Objetivos? ¿No querían decir investigativos, o científicos, o profundos? Un tratado de cuarenta segundos explicando la crisis de España, esa es la objetividad periodística. Indeseada para cualquiera que quiera al menos soñar con entender.
Durante ese año Miguel se escondía en un silencio conocido y confortable, sentado sobre unos  asientos contra la pared del aula, mientras  en su interior se  permitia planear por cielos de nubes solidas y esponjosas, pero tambien lo arrinconaban pensamientos  sin contornos, infinitos y filosos, donde el pasado era tan dificil como él futuro, donde el primero era la herida abierta y el segundo era solo esa cicatrización lenta  en el medio del vacío. Rozaba el  mundo, por no saber la medida justa de la maldad o del amor que podrían brotar de su  superficie desconocida, y así decidió casi no participar en el exterior, que no tenia formas definidas, y las miríadas de negrura opaca con sus contornos indefinidos como una gran nube de miedo espeso,  podían succionarlo y llevarlo a una suerte de muerte psicológica. En sus caminatas nocturnas sentía que los edificios como  humanos  se movían para asustarlo con la amenaza de derrumbarse sobre el, con el agregado de un silbido que bien reconocía que era de su mente, pero también  pertenecían a la ciudad, cuando el dasafiaba  con temores a las calles en su caminar solitario, y oscuro. Por esa forma en que los hombres necesitan medir todo el tiempo sus pesares y sus posibilidades de revertirlo, recurría a los mismos recorridos  midiendo su salud mental, el eje de todos sus miedos. Y esos edificios de ventanas, casi todas oscuras y dormidas, eran junto a las plazas y arboles, bultos oscuros que se le aparecían con  una indiferencia agresiva. Así como las personas. Eran esos paseos paranoicos, además de las facultades a las que acudió, luego la galería de arte en una galería, un intento, sensible y tierno, por asegurarse algo. Una forma de normalidad es para algunas personas todo un ascenso, un equilibrio, porque en definitiva el peor sufrimiento es el de cada uno. A la noche, es el tiempo  decisivo de muchos que ven tanto la vida como la muerte, el momento en que  las mentes y el corazón son purgados, si es que alguna vez lo son, Dios puede o no ser moral, pero la visión que se tiene de el es moral, por lo que su misericordia tiene un límite preciso y acuciante, aunque especialmente para Augusto, quizás por ser una verdadera victima silenciosa del destino, dios no podría recriminarle nada, por eso sus conversaciones eran pequeñas sanaciones.   
Cuando su novia le preguntaba porque salía a caminar él lo reducía a una mera necesidad de refrescarse, sin explicar cómo hacia frente a esos demonios de su cabeza y de la ciudad y desconocía los efectos para su novia  de tal simplificación Noelia le preguntaba alguna trivialidad como la temperatura del exterior o cuanta gente se veía en esos paseos para evitar incomodarlo salvo cuando una noche pasadas las once entro sin saludar, como siempre acostumbraba  en el caso que hubiese saludado antes, y ella le dijo –cuantas cosas para pensar en la noche- con cierta acritud, pero cuando vio que el levantaba las cejas, levemente molesto pero perturbadoramente silencioso, con sus gestos lacónicos, ella soltó bajando una octava su tono, y con un necidad propia de conciliación- las papas deben estar bien doraditas- y el ofreció una risita escasa, por lo que la relación siempre la lastimaba de un modo lento pero acumulativo, por el poco  ímpetu que brotaba de esa piel poco porosa, y una boca que frenaba siempre sus resentimientos, por lo que su mirada se agriaba. Si al menos pelearan... Cuanto más natural resultaría todo, pensaba como una mujer que soporta siempre mas otra cosa que la indiferencia. Esas discusiones abortadas, o para peor esas discusiones que nunca fueron, por el carácter tangencial de Miguel le daban a Noelia, la medida justa de todo lo que su vinculo no tenia de real. Esos movimientos calculados de ella y tímidos en una persona que amaba las palabras propias y ajenas, o su mezcla la iban opacando al punto de estar más triste de los normal y eso que ella tenía motivos, y las acciones de él arbitrarias y ausentes, creaban a cada momento una relación calculada y frágil. Era muy difícil no sentirse sola con todo lo que él se guardaba. No eran secretos, ni grandes verdades, eran sensaciones, contestaciones, intuiciones, que quedaban dentro de su dolor, que no eran mucho más que esos pequeños y necesarios sonidos, y leves movimientos, con los que se nutre el alma de una relación, y también de un amor, porque el sentimiento se forja con las miles y miles de interacciones  con las que dos seres humanos intentan reunirse, coincidiendo y peleando…por la necesidad humana de unirse aun sin motivos, pero Miguel era angustiosamente distinto a todo lo que ella se hubiera imaginado en un novio.  Ella lo había elegido por que Miguel de ninguna manera era agresivo, no era de esos hombres que luchan por sus espacios causando a sus mujeres ese  eterno sentimiento de culpa al punto de sentirse un estorbo como también a Noelia le sucedió con su último novio un hombre fanatizado con el automovilismo, desde que nació, desde que nacieron sus padres y sus abuelos en una herencia fuerte y orgullosa, por lo que la relación se adapto en un silencio, con protestas casi todas asfixiadas, silenciándose en la oscuridad del enojo por aquellos viajes al interior del país, donde ese mundo sectario, que es el de las carreras  con sus inmensos preparativos, en donde ella quedaba apagada, fuera y angustiada con enojos que solo rebotaban contra un muro que era además más que una persona, era  una identidad, una forma de ser y de existir, algo ya concluso por siempre, que obedecía al dictamen del placer y de las generaciones anteriores, y  seguramente a una normalidad aceptada con soledad y un dolor dulce,  por madres, abuelas e hijas. A Noelia le llevo más de seis años entender que el amor necesitaba una parte de exclusividad, porque el amor para que no desangre al enamorado debe ser exclusivo o no ser nada y cuando opto por terminar el vinculo dejo de sufrir por todas las ausencias de Ricardo,  y el automovilismo en si dejo de ser una palabra odiada, y asi entendió que estaba triste y liberada. En cambio Miguel giraba, silenciosos y apático, alrededor de ella en una órbita, que como todas nunca terminan de acercarse, pero nunca se alejan, ni se dejan de ver, por lo que Miguel, con  su particular estilo fantasmas, con ese hermetismo  que para Noelia no eran secretos peligrosos, estaba, estaba corporalmente cerca. Además Miguel siempre le resulto muy atractivo, con esa cara de dolor resultaba  además delicado, fino, pero también por la forma de su cara alargada y varonil, con la boca y la nariz que se hacían ver, que tenían una entidad propia en la que alguien podría detenerse en ellas sin ver el resto de la cara,  le represento desde el inicio el tipo físico que a ella le permitía iniciar una relación, porque quien no confunde lo que ve con la espiritualidad, de las misma forma que una iglesia con su ornamentos, sus altares y sus pinturas, hacen de lo bello lo sagrado.   Ese ser al que le faltaba tanto de su historia, al que lo maltrataban  pensamientos viscosos y  eternos, no fue afectado en su atractivo; y además era predecible, por lo que Noelia aceptaba esa conección suave, silenciosa al punto de ser exigua, pero permanente y segura, y aunque no es que nunca le haya preocupado cuanto feliz lograría ser a su lado, al punto que por momentos la opción de de terminar le resultaba correcta, era en los hechos imposible, porque su amor sufrido no se afectaba en volumen.
 En todos su ámbitos parecia un ser embalsamado que solo movía sus ojos porque a todas las personas en mas o en menos la sociedad  les importa.  Solo una  vez hizo una pregunta, en una clase de práctica, después de tomarse unas dos semanas hasta decidirse. Levanto la mano y soltó de su boca: “¿Es posible ser riguroso, formal, cuando uno sabe que lo observan o lo escuchan oyentes o telespectadores sentenciosos anónimos, hipermorales, y que además eso repercutirá en las medidas de audiencia?” El profesor, un hombre de cara grande y generosa  le contesto con un comprensivo “definitivamente  no” llevando desilusión a muchos de esos jóvenes de ojos inyectados sintiéndose un poco Sherlock Holmes. “Ni aunque se quiera se podría eludir la influencia de las expectativas de los demás, sobre todo si son cientos de miles. Si quieren decir lo que les plazca sean escritores”. Se los dijo  con una  mirada apagada y sincera, en una confesion que salió de él sin tenerla pensada, a esos jóvenes que  creían haber entrado por la puerta grande a la gran cocina de la información.
Ya para ese entonces Miguel comprendió que no podía continuar con la carrera. El carácter grave que tiene la vida para el que no tiene padres, por una madre que se quito la vida, y un padre al que hace años que no lo ve, no da lugar a las naturales  licencias con  que las personas normales se desparraman por su vida. El pensamiento de alguien agujereado no permite saltearse partes, rodar con indulgencia, conformándose con formas y estereotipos. Miguel nunca podía  decir algo que no le resultase verdadero. Sentia que lo chupaba ese mismo agujero,  que se potenciaba por efecto de aquellos contenidos, simpaticos y estúpidos, que por contraste  agrandaban  ese espacio, o para peor, lo rellenaban  inútilmente  con conceptos trillados  y engañosos. Por ello pensaba más de lo que hablaba y a veces se sentía mejor cuando daba un pasito mas, en el tiempo,  como le gustaba decirle su psiquiatra con palabras seguras pero suaves: “ es solo una sensación…muy de a poco se llena nuestra mente de sentimientos  distintos, sin que podamos saber bien que es, ni a qué se debe que resulte placentero, eso nuevo que se formo en nosotros, es un crecimiento, si lo es,  pero es sobre todo un acto emotivo, es la convicción  de ya saber lo que el mundo nos pide, los demás con amor  se reclinan  y sin orgullo nos piden eso especifico, que es parecido a lo que somos, esa individualidad, lo que podemos dar,  que hace que el intercambio sea un vinculo humano, un intento de entrar a otro ser, una simbiosis que nos merecemos por la lucha que libramos desde que nacemos  por dejar  de sentirnos abrumadoramente solos ”
 Antes de comenzar con su galería de cuadros se dio una segunda oportunidad. Comenzó la carrera de psicología. Los temas que se conversaban en la clase bien podrían resultarle interesantes a quienes creen todo lo que le dicen. Sin ningun reparo se mostraban serios al hacer avances bruscos salteándose evidentes procesos  lógicos. Hablaban del traumatismo de los niños al enamorarse de la madre, fantasias de asesinato, incesto, protofantasias (ideas con la que se nace ¿serian genéticas? ¿conseguirían  lugar en algún cromosoma?). Ideas acuñadas y legendarias que no consideran que los  niños viborean por entre los adultos  calibrando la manera de meter sus pequeñas narices, a esas  ofertas que perderían  si no desarrollaran  ciertas habilidades, y que hace m muy difícil de creer que puedan tener en la cabeza semejantes disparates desgraciados de odios y culpas y llevar con  esa frescura neuroquímica su alegre paseo por la realidad magiaca para sus ojos  porque él mundo es hermoso si no se lo conoce, porque para su bien, casi todos los niños son religiosos.
 Al espantarse con  esos disparates propios de seres humanos creativos, demasiados creativos encontró una buena excusa para alejarse de ese mundillo de adictos a la “cultura precientífica” como decía su novia. En esas clases nunca  se hablada de amor, de desamor, de personalidad, de formas de relacionarse, de lo que hace bien y lo que no, y aunque nunca le hubiera adjudicado  importancia a todas esas bravuconadas intelectuales de la homosexualidad universal, o la fantasia de asesinato que debieran tener  los niños de dos años, en el inmenso y popular  inconciente, bien sabia que su declinación se debía a algo mas oscuro y verdadero: Como conversaría profundamente con alguien sin contarle que antes de ser psicólogo era hijo de una madre suicida, como podría reclinarse ante la normalidad y la vida abriendo sus brazos receptivamente a personas que luchan con destinos normales.   
El negocio de los cuadros no existe. Solo existen los que consiguen hacer negocios con algunos cuadros, los que conocen a los pintores que venden. Pero para Miguel era la oportunidad de tener un proyecto orientado y que además podía aportarle una rutina agradable, siempre que se vendan los suficientes para que no sea un desgraciado y virgen local de galería. Cómo sufrían los primeros seis meses de ese negocio estéril,  obligados a  engañarse  con cálculos ilusorios, gracias a la colaboración de Noelia que siempre contaba con  paciencia, porque a personas  tan humanas como a ella  todo el futuro se le ofrece  diáfano, incluso aunque las cosas se vayan al demonio, porque hay personas que saben vivir con lo que hay. Noelia era así,  su frustración duraba tan poco que cualquiera creería que ni siguiera formaba una emoción dentro de ella. Aunque por supuesto que una sombra oscura de incertidumbre y miedo crecía demasiado despacio, por lo que al final era una queja que solo era significativa  para los otros,  porque dentro de ella todo  se organiza tan rápido, gracias a que  sus pensamientos auspiciosos, naturales, calibrados, eran su verdadero aliado y ella se reconfortaba con cierta vanidad por lo que ella era para sí y para los otros. Sus comentarios eran solo eso: comentarios, quizás para sacarlos de ella, decía “que lastima que no se vendió”, y luego hacia un gesto con la cara restándole importancia y pasaba a otro tema, con la ligereza y la vitalidad de un niño. Sin que ella lo sepa, la vida le resultaba posible y generosa en cualquiera de sus opciones. Esa alegría que se formaba entre ellos cuando miraban la televisión o hacia cada uno lo suyo por separado logro que Miguel deje de hablar con monosílabos, y pueda construir oraciones largas, y a veces más de una, porque dada las condiciones y casi  para  cualquier caso se podría afirmar que tarde o temprano, una persona habla. Muy al tanto de lo que le costaba expresar ideas, la primera vez que concurrió a su terapeuta, le dijo si le podía pedir algo insólito. Luego de la afirmativa Miguel le explico que no podía hablar de corrido y que necesitaba alguien que le hable, que estaba vacío, que le contaría lo principal y que después escucharía. El licenciado Ernesto Ugarte le pregunto porque pensaba que eso le haría bien. Miguel le repitió que estaba vacío, que sentía que no tenia lo que decir,  al menos no gran cosa, y que su cara le causaba confianza y que creía en sus palabras. Ernesto  lo miro con sonrisa solo en los ojos, y como si nada fuera del todo definitivo y concluyente le dijo, sí claro… ¿por qué no? Y esa manera tomaron sus encuentros; Ugarte  le hablaba con suavidad casi rodeándolo con las palabras, y Miguel salía del consultorio con un poco mas de vida en su cuerpo. El efecto duraba hasta el final del día o menos.  
Hace unos días en lo que era su “galería” un joven observaba un cuadro impresionista de un autor de 19 años. Miguel había aceptado porque se sintió bien y conectado en su  primer contacto con la obra, porque de esa forma se decía por aceptar o no el material que le traían, cuando él negocio empezó a tener sus clientes. En un momento, Miguel se adelanto un paso al joven para ser el quien lo contemplaba, al punto de casi olvidarse de la venta y de su cliente. El arte de la pintura era para el único de las artes que nunca  lo lastimaban, que lo dejaba internarse en un mundo de sensaciones algo inespecíficas pero agradables, se quedaba retenido en esos colores, casi sin pensar, levitando, y le resultaba un mundo sin conceptos y sin sentencias, en cambio la música lo obligaba  a un nivel de emoción, al escuchar música se debe  estar alegre o  buscar la emoción para que tape algún sentimiento doloroso, o para que lo refuerce para internarse en el con el placer de la conmiseración, en un regodeo que para Miguel seria amenazante, porque hay personas, entre las que se incluía que no saben si pueden salir del dolor, porque a lo mejor en su esencia son todo dolor. La literatura da conceptos, las  historias le resultaban riesgosas por que podía ver todo lo que él no era  a través de personajes que se pronunciaban, que vivían, que se peleaban, que aclaraban gracias a que los escritores intentan darles vida, tratan de moverlos, por lo que  siempre se sentía en desventaja con esos hombres y mujeres de ficción, por lo que a veces le resultaban ellos mismos una sentencia. Pero la pintura era tan poco conceptual para quien  se refugiaba en sensaciones suaves donde su alma descansaba, como aquel día en donde aquel muchacho no dejaba de ver la inmersión de Miguel en el cuadro, y sintió  tanta verdad  en aquella forma de penetración de un ser humano para con una obra que quizás por eso vino a buscarlo tres días después para comprarlo. Así Miguel se convertía en un extraño vendedor, por lo que  esos oleos, temperas, acrílicos y tapices eran comprados sin que hubiese  asumido nunca una postura de vendedor ni siquiera en su fuero intimo.  
Ahora se encontraban los dos desparramados por el suelo de madera. Noelia se habia dormido tras leer unos capítulos finales de La casa de las bellas durmientes de Kawabata. El miraba la relajación de todo su cuerpo en paz, y si bien se sentía algo más tranquilo mientras ella dormía, escabullido en sus meditaciones difusas solo a veces de una transparencia celestial, imaginada, con la irrealidad con que los niños ven los colores, poco a poco la soledad le deparaba una tristeza  más intensa, por lo que  levanto la novela que se había deslizado por el regazo de ella, sin intención de leer. Eran uno de los tantos movimientos que hacia cuando necesitaba a su novia despierta.
La novela describe los pensamientos, los sentimientos y las actitudes de un anciano que recurre a una casa donde mujeres se ofrecen para pasar la noche. La particularidad es que las bellas japonesas  están narcotizadas y los ancianos pueden reposar la noche con ellas y no pueden, según las reglas de la casa consumar el acto. En parte, los ancianos que según el autor ya no eran hombres en el sentido entero del término, preferían esa intimidad regulada con las mujeres y no la obligación de exponerse a un acto sexual que les exigía una fuerza que la naturaleza y el tiempo les quito. Una mujer dormida no pide nada. Una mujer despierta podría esperar la potencia  de un hombre, sin siquiera abrir la boca. Una mujer despierta y desnuda  es para un hombre mayor una amenaza. Algo del argumento que Noelia le habia referido lo dejaron pensando en él, por lo que se atrevió a leer  solo algunas frases sueltas, pero luego de hojearlo prefirió dejarlo. ¿Que podía encontrar en esas páginas? ¿No era él mismo, acaso un hombre viejo? Si bien podían consumar el acto sexual con Noelia por efecto de su juventud cronológica, porque  la erección no exige de gran virilidad, ni de entusiasmo   en su edad; él entendía su falta de anhelo de hacer propia a una mujer, con el afán posesivo que se extrae de las emociones mas primarias, para darles  una utilidad romántica, para que la mujer vea en esa posesión que tiene un poco de todo, el deseo que el hombre tiene por ella, y asi el amor, o al menos su posibilidad. El en su intimidad  reconocía, aunque en la realidad no trasuntara, que su participación en el acto sexual era discreta aunque el libraba tenaces batallas dentro suyo para sentir, Sin embargo por efecto de esa repetida y extensiva falta de potencia psicológica, en esas luchas salía casi sin nada por lo que todo lo que Noelia decía de amor después del acto eran para él un contraste, que lo llevaban a ser lo de  siempre, un alma muda, además ¿Qué podía decirle?  . Sin embargo  el intentaba  desdeñar  esos pensamientos que  lo ilustraban y lo afectaban al punto de a veces ni sentir su cuerpo, y porque es obligación sobrevivir, el ya sabía no dejarse atrapar con demasiadas obligaciones para con la vida.
Su terapeuta una  vez lo escucho decir en las pocas veces que le hablaba, casi sin inmutarse, explicando su mirada sobre la  vida en general, o especialmente sobre los otros, que las miradas hirientes  lo buscaban,  o al menos era él quien las captaba. Y en parte es cierto que  las pupilas oblicuas y torvas se esconden en todos los sitios, pero siempre son descubiertas,  por eso el ser humano trata de negarlas, incluso a si mismo, porque para todos es pesaroso envidiar, o desear el mal ajeno, pero lo hacen en un secreto culposo y excluido, donde sus ojos se rebelan avergonzados y sigilosos, mostrando lo que esas almas enfermas y sufrientes intentar esconder. Porque  el mal nunca es un merito. El mal es tan natural como el bien, pero siempre se oculta de los otros casi por obligación. El mundo parece ignorar la maldad de sus hermanos, padres, amigos y enemigos porque una tarea natural y necesaria debe realizarse y cumplirse, siguiendo el curso de las cosas, haciendo una obligación del optimismo y la confianza, en  una búsqueda incesante y aprendida; porque  la lucha por conseguir amor y vencer el desprecio o el desamor , es el destino  de todas las acciones que de una u otra forma no ven esas miradas torvas, envidiosas y mezquinas, porque equivocada o no casi toda acción humana debe creer en que el mundo y sus creaciones son mejores de lo que son en verdad para que el brazo del salvador se asome, y el malo sea menos malo.  
Las  veces que esa atención ajena, entrometida y dañina lo atacaba,  no  alcanzaba a ruborizarlo, porque si bien sus ojos lo observaban todo, la vergüenza le llegaba solo como un concepto,  eran  palabras que quedaban encerradas en el. Para el esos frases ajenas, esas insinuaciones no  alteraban su equilibrio, no le cambiaban el ánimo del momento, si en cambio y esto es lo grave, contribuían  a llenar con negligencia  un alma virgen, porque era una alma sin pasado, un alma escondido, un alma que sobrevivió en el anonimato, un alma al que sin saberlo todo lo configuraba. La sociedad era la vos de su madre y de su padre que nunca escucho. Miguel que parecia nunca escuchar ni afectarse por el resto, se construía y destruía a cada instante por cada palabra que le llegaba, sin que el sienta nada. Nunca es una buena idea que la sociedad sea quien le de valor a una persona. Salvo que sea como a esos otros, que se mofan o despedazan  todo, frente a cada intención o concepto que les resulta extraño o agraviante, por la fortaleza de su carácter y por la verdad de su historia, entienden esos ataques como una verdadera oportunidad para parecerse cada vez más a lo que ya son rompiendo con palabras o con puños todo intento ajeno de desprecio.