jueves, 27 de junio de 2013

Dos párrafos de la novela: Dioses Negros.... creo que son sentimentales y queria compartirlos....


Luego, cuando llegó a su casa y sintió el peso de los finales. Recorrió su casa triste y más tarde se durmió en el sillón tras leer unos capítulos de La peste. Los libros siempre lo acompañaban, porque en ellos no sobresalen la esperanza ni la decepción, son ellos la otra voz que hace ver al mundo un lugar posible, en sus páginas todo resulta gratamente intermedio; Roberto se confiaba a esa rara inteligencia de los escritores…. ellos le dirían lo que siempre estaba a punto de saber. Y si bien le resultaba exagerado imaginar el paraíso como algún tipo de biblioteca, el espacio sideral en su cuarta dimensión debiera ofrecer las condiciones a los muertos para pensar, escribir y crear ideas, frases, fantasías…. porque quien alguna vez fue un hombre necesita tranquilizarse y entender, pensar y salir de sí mismo  y ayudarse de la extensión de todo el resto para no quedar atrapado en sus cavilaciones, o que ellas sean una o dos cosas y no más, y lo atrapen.
Después de dos horas de lectura se encontraba recompuesto, aunque esa noche su cama le representaba un espacio enorme y violento, prefirió evitar el dormitorio y se acurrucó en el sillón, al rato lo despertó la incomodidad que le profirió su vejiga inflamada, en el baño sintió mucho frio, y luego de un escalofrío comenzó a temblar, todo era el miedo de la noche. Cerca de las dos de la mañana sintió el hermoso calor del cuerpo de Eugenia quien lo arrastró hasta el dormitorio y le frotó la espalda porque él temblaba y ella cubrió todo su cuerpo como pudo con su piel  para darle el calor, y casi inconsciente percibió el roce de los pezones de su mujer en la espalda, y se encogió hasta hacerse fetal. Fueron minutos que después nunca recordaría porque estaba casi inconsciente, pero en ese momento creyó en la deliciosa unión y en esa paz seguramente prefirió dejarse al destino de las cosas.