lunes, 10 de junio de 2013


 Muchas noches se despertaba de un sueño que se repetía: Buscaba desesperadamente en una ciudad totalmente desierta a alguien inespecífico, que no era ni hombre ni mujer, pero esa acción se aceleraba y le deparaba en el medio del sueño una angustia que lo terminaba despertando con palpitaciones… Sí, una mujer comprensiva y de buen olor era suficiente, ese baricentro que evidentemente estaba echando en falta. Pero no era tan sencillo, su ex mujer y Eugenia eran mujeres tan queridas como atípicas,  por distintos motivos no le daban el remanso que un hombre necesita cuando la finitud es un problema para él y no solo para la humanidad, un asunto en el que se comienza a pensar con ideas precisas y ya no tiene nada de pasatiempo filosófico. Seguía sintiendo la angustia, o se había incrementado por detenerse en estos temas por demás, o podía ser que la vaga presencia de ellos le caía encima sin que  ni siquiera pensar o buscarlos… pero acaso… ¿Dispondría de  asuntos interesantes en los que ocuparse…? Si al menos vería más a su nieto, a veces se decía... No… sabía que no le resultaría suficiente. No era de esos hombres que pueden hacer de un eje sencillo el fundamento de su existencia.