viernes, 19 de julio de 2013

La soledad, la lluvia y la intimidad.... Breve párrafo...


Los días de mal tiempo me ponen triste, es una tristeza que conozco desde niño y viene de manera repentina pero no afecta demasiado mis rutinas. Es esa puntada precisa  procedente de una zona desconocida  –no es un hecho definido ni una idea-, que solo a veces es muy intensa pero  comienza  a diluirse con las horas, hasta que luego consigo una sensibilidad agradable, en la que me refugio en mis libros, y en la calidez de los espacios elegidos de mi hogar, mientras  la presencia de Isabel se mueve por la casa y casi me olvido que estoy con una mujer que me quiere de un modo extraño. ¿Qué fantasmas la aquejan o es que no tiene ojos para mí?  En algunos de esos días  feos y oscuros una nostalgia llena de rumores asciende desde el parquet de mi estudio para culparme –no distingo bien de qué-  y sufro de la lluvia. Ella golpea la ventana y obliga a otro tipo de vida: de susurros compartidos, en que la melancolía  es un buen motivo para creer en dios o en las cosas sencillas, en las confesiones de los que amamos, en sus disculpas , en donde la finitud  es una gran oportunidad para aferrarnos con nuestro cuerpo blando a ese momento espiritual. Pero nada de eso sucede cuando  la tenaz angustia, en su cenit,  me atrapa y empieza a encogerse mi alma mientras el ruido permanente del agua que baja del cielo recorre el espacio que flota sobre nuestra ciudad. Es la soledad de esa lluvia.