jueves, 18 de julio de 2013

Un escritor reflexivo piensa en las grandes ideas, aquellas que no comprometen al ser.... El escritor y la mujer francesa.


....son las grandes preocupaciones sobre los grandes temas del mundo cuando un ser humano reconoce, al fin,  que el tiempo es algo axiológico, y aquellos grandes asuntos – a veces excusas-  no explican lo que un ser humano busca de sí y de las personas en sus vidas abreviadas;  y ya no resulta una opción llenar de grandes proezas ese gran vacío del desamor; donde cambiar el mundo –o llenarse la boca de esos engaños- al final no es más que un diatriba ordinaria  y no se ama nada.
Luego, esa confusión… –después  de esas tres horas de alegría franca y distraída-, me atacó un ramillete de tribulaciones… era la puntada de la realidad…comencé a sentirme inseguro y frágil y ese estado anímico  era por todo lo que se me vendría, pero aun así extrañamente me condujo a una culpa moral  –es decir, no sentía demasiado ese remordimiento- por Nicolás, otra vez ese joven,  al que rehuía todo lo posible. Recordé ese fastidio del momento en que le explicaba algo sobre la alternancia de las frases cortas y las largas, el remate de la oración, el cierre del párrafo. No quería enseñarle nada. Pero ya dije, siempre me cuesta hacer lo que quiero. El me escuchaba con sus ojos absurdamente abiertos y en una gran parodia escogió un cuaderno de notas y escribió  condescendiente –sin sacar los ojos de los míos o de mis labios-  cada una de las ideas de las que yo hablaba improvisando, pero él quiso mostrarme que yo revelaba axiomas, verdades únicas e inéditas. Sí, esa actuación me resultó detestable. Cómo podía ese joven ser tan irreal.  

Gabriel Dancygier